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Felizario – ¿Qué es el amor?

by Maria Angelica Medina

“El amor exige libertad, exige desapego de todo efecto mundano.”
Tomás de Kempis

El amor es libertad, es lo contrario al miedo y al apego. Amar es aceptar sin condiciones, apartando las idealizaciones y las expectativas que podemos tener sobre los otros, es comprender las diferencias para crecer como personas manteniendo un estado de aprecio, admiración y satisfacción.

 

Es por esto, que antes de ocuparnos en amar a otros, debemos revisar cómo es la relación con nosotros mismos. Muchas veces esperamos que otros nos acepten o comprendan porque no podemos apreciarnos lo suficiente, esto provoca que nos sintamos apegados a otros, como consecuencia nuestras heridas de abandono y decepción se profundizan porque necesitamos constantemente ser aprobados como señal de amor.

 

Cuando esperamos que nuestra pareja, por ejemplo, sea la que nos convenza de que somos seres valiosos, vivimos constantemente angustiados, estresados y hasta deprimidos porque debemos cumplir sus expectativas, arriesgando nuestra propia tranquilidad, con tal de que seamos amados. Al mismo tiempo, demandamos que el otro cumpla con los ideales que hemos figurado en nuestra mente, que nos abandonen implica una muerte segura de nuestra autoestima, decaemos por completo porque esa persona era la prueba de que somos valiosos, si nos rompen el corazón es la afirmación de que no valemos nada ante nadie.

 

 

Así que lo primero que debemos hacer es reconciliarnos con nosotros mismos, repetir constantemente “me amo total y profundamente tal y como soy ahora en este momento”. Encuentro mis espacios de luz, los admiro, los valoro y los tomo con amor, del mismo modo, veo mis lados más oscuros aceptándolos como parte fundamental de mi personalidad. Reconozco que soy un ser completo, libre de cometer errores, capaz de hacer frente a la vida.

 

Solo así podemos aventurarnos a amar a otros. Comprendiendo nuestras propias debilidades, tenemos la posibilidad de aceptar que otros también las tienen y que está bien porque es parte de la naturaleza humana. Al mismo tiempo, atesoramos con mayor empatía los lados positivos del otro porque no sentimos miedo de no estar a la altura, amar nuestras mejores partes nos ayuda a disfrutar de las virtudes ajenas con mucha más alegría.

 

En fin, amar es celebrar la vida, tanto la propia como la del otro porque nos reconocemos como seres maravillosos, libres, capaces de ofrecer sin miedo lo mejor de nosotros y mostrar sin complejos las partes más oscuras de nuestro ser. Amar es ser libre de ser quienes somos mientras disfrutamos del otro tal y como es, con sombras y luces.

 

Escribe Nimsay Aranguren para FelizMejor.com

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